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Cómo mantener a tu perro sano y bello

Tener un perro sano depende de muchas decisiones cotidianas que, tomadas de forma constante, pueden marcar una diferencia enorme en la calidad y la expectativa de vida del animal. La alimentación, el ejercicio, la higiene, la atención veterinaria y la estimulación mental forman un conjunto que no puede ser descuidado.

 

La alimentación no es solo una cuestión de cantidad

Uno de los errores más comunes entre los propietarios de perros es confundir alimentar con nutrir. Un perro puede comer todos los días y seguir teniendo carencias nutricionales si la calidad de lo que ingiere no es adecuada para su raza, su edad y su estado de salud. Como señalan desde AniCura España, las necesidades de un cachorro no son las mismas que las de un adulto, ni que las de un perro mayor. Tampoco son iguales las de un perro con mucha actividad física y las de uno sedentario. Por esta razón, se recomienda consultar con el veterinario para definir el tipo de alimentación más adecuado y revisar la elección a medida que el animal.

La alimentación natural ha ganado mucho terreno en los últimos años. Las dietas basadas en alimentos frescos, ya sean cocinados o crudos, pueden aportar beneficios reales. Sin embargo, este tipo de dieta también requiere de una planificación cuidadosa para garantizar que el perro recibe todos los nutrientes que necesita. Sin un control, una dieta aparentemente más natural puede tener más carencias que una alimentación de pienso de calidad.

El ejercicio, ni mucho ni poco

El ejercicio diario es una necesidad básica para los perros, pero no todos necesitan la misma cantidad ni el mismo tipo de actividad. La raza, el tamaño, la edad y el estado físico del animal son variables que determinan qué nivel de ejercicio es saludable y cuál puede resultar contraproducente. Como recoge Madrid Salud, la cantidad y el tipo de ejercicio están condicionados a la raza y el tamaño del animal, y hay que ser especialmente cuidadoso en situaciones de temperatura extrema, sobre todo con el calor.

El paseo no es solo una oportunidad para que el perro haga sus necesidades. Es el momento en que el animal puede explorar, seguir rastros, relacionarse con otros perros y expresar conductas que forman parte de su naturaleza. Privarlo de esas experiencias tiene consecuencias para su estado físico y su conducta. Se debe tener en cuenta que, cuando hay una falta de ejercicio, el perro puede desarrollar comportamientos problemáticos. Aunque muchos propietarios atribuyen esto al carácter del animal, en realidad se trata de una respuesta a la falta de estimulación y movimiento.

Por ejemplo, si se tiene un perro que precisa de un alto gasto de energía, como los border collies, los huskies o los pastores alemanes, se debe saber que estos necesitan más de dos paseos diarios. Para ellos, el ejercicio insuficiente es una fuente de estrés crónico que afecta a su equilibrio emocional y a su salud física. En el caso de razas tranquilas o de perros mayores, se necesita mantener una actividad moderada, pero constante, que ayude a cuidar la masa muscular y la movilidad articular, sin que el animal se esfuerce más allá de sus posibilidades.

 

La higiene, más allá del baño

Bañar al perro es solo el primer paso para la higiene que necesita. Su cuidado general requiere de cepillado, limpieza de oídos, control dental y hasta un corte de uñas periódico. Estos aspectos, que a menudo se pasan por alto, tienen una incidencia directa en la salud del animal. En el caso del pelaje, si se descuida, es posible que aparezcan problemas en la piel. Los oídos sucios son un caldo de cultivo para infecciones y el sarro dental puede derivar en enfermedades periodontales, que afectan también a órganos internos.

Como señalan desde Rechulos, el baño, corte y tratamiento de cada perro se debe pensar de forma individualizada, la frecuencia de las visitas depende del tipo de pelo y de la raza. Sin embargo, en términos generales, ningún perro debería pasar más de dos o tres meses sin una revisión profesional del estado de su pelaje y su piel.

La higiene bucal es, posiblemente, el aspecto más descuidado en la salud canina. El cepillado dental no suele ser parte de los hábitos para los dueños. Por esta razón, es importante recordar que esta limpieza reduce significativamente la acumulación de sarro y previene la aparición de enfermedades periodontales que, en estadios avanzados, pueden requerir intervenciones veterinarias costosas y dolorosas para el animal.

 

Las visitas al veterinario no son solo para cuando hay problemas

La medicina preventiva está ganando terreno en todos los sectores de salud, incluyendo el veterinario. Actualmente se aconseja que no se espere a que aparezcan síntomas para acudir al veterinario. Un perro adulto debería pasar por el veterinario al menos una vez al año. A partir de los siete u ocho años, según la raza, esa frecuencia debería aumentar, ya que los animales senior son más propensos a desarrollar enfermedades crónicas que se manejan mucho mejor cuanto antes se detectan. La analítica anual, que muchos propietarios consideran innecesaria si el perro parece estar bien, puede revelar afecciones que no generan síntomas visibles hasta que la enfermedad ya está muy avanzada.

 

La salud mental también importa

Un aspecto que todavía recibe menos atención de la que merece es el bienestar emocional y cognitivo del perro. Los problemas de conducta, la ansiedad por separación, la hiperactividad o la apatía son, en muchos casos, señales de que algo no está bien en el entorno o en la rutina del animal.

La estimulación mental a través del juego, el aprendizaje de órdenes básicas con refuerzo positivo y el contacto social con otros perros son tan necesarios para su equilibrio como el ejercicio físico. Los juegos de olfato, los kongs rellenos o los puzzles de comida son herramientas sencillas que mantienen activa la mente del perro y reducen los niveles de estrés.

El vínculo con el propietario también influye de forma determinante en la salud del animal. Los perros son animales sociales que necesitan tiempo de calidad con las personas de su entorno, no solo presencia pasiva. Dedicar tiempo al juego, al entrenamiento o simplemente al contacto físico tiene efectos sobre los niveles de cortisol del animal y sobre su disposición general.

Un perro que recibe los cuidados adecuados en todas estas dimensiones no solo vive más tiempo, sino que vive mejor. Y esa diferencia se nota en su energía, en su temperamento y en la calidad del vínculo que construye con quienes lo cuidan.

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